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El Desafío de los Partidos Políticos en el Siglo XXI
Autor: Dr. Leonel Fernandez Reyna

¿Qué debe hacerse para superar la desconfianza y la crisis de legitimidad de los partidos políticos en América Latina? ¿Cómo pueden los partidos renovarse y reconquistar el apoyo de los ciudadanos?

Si bien es cierto que la crisis de legitimidad y representación de los partidos políticos está asociada al pobre desempeño que éstos han tenido, desde el control del Estado, en la conducción de los destinos nacionales, no es menos cierto que hay ciertos elementos intrínsecos a su naturaleza operacional que han sido soslayados, y que ahora, sin embargo, requieren de una revaloración.

Entre esos elementos se encuentran, en primer término, la necesidad de rescatar la importancia de las ideas en el quehacer político.

En efecto, imbuidos del anhelo de la conquista del poder, prevalece entre los dirigentes de muchos partidos el criterio de que lo único verdaderamente trascendente en una organización política es la capacidad para crear una maquinaria electoral eficaz; y si bien la existencia de esa maquinaria es vital para competir con posibilidades de éxito en los torneos electorales, la misma, sin embargo, resulta insuficiente para disponer de un partido con capacidad para incidir de manera relevante en los destinos de una sociedad.

Para realmente ser influyente en los destinos de una nación, un partido debe disponer de un proyecto de país, esto es, de una utopía, sueño o ilusión, que encarne los anhelos y aspiraciones de convivencia armónica y bien común de un vasto conglomerado social.

Ese proyecto de país debe expresarse a través de una doctrina o ideología que a su vez contenga todo un sistema de valores que permita establecer marcos de referencia sobre los distintos aspectos de la economía, la política, la sociedad, la cultura y la ética que resultan fundamentales para la consolidación de las instituciones democráticas y la promoción del desarrollo.

Esa utopía debe rescatar elementos tan esenciales como el sentimiento patriótico, el criterio de la identidad nacional en un mundo globalizado y el sentido del sacrificio personal como contribución a la búsqueda del bienestar colectivo.

Sabemos que esta propuesta que hemos formulado es una de las más difíciles que los partidos políticos puedan asumir en el momento actual, y esto así, no por falta de voluntad de los partidos o clarividencia de sus dirigentes, sino debido a la crisis de las ideologías que hoy prevalece en el mundo.

En ese contexto, el gran reto al que se enfrentan los partidos políticos es un reto de creatividad, que consiste en establecer el cómo lograr la aplicabilidad de sus proyectos de sociedad, trascendiendo los viejos marcos ideológicos del clientelismo, el populismo, el marxismo, la socialdemocracia, la democracia cristiana y el neoliberalismo. El resto es de orden más práctico. Se fundamenta, esencialmente, en la elaboración de una base programática, que tanga carácter integral, en la medida en que abarca e incorpora todos los elementos sustantivos del tejido social, y los expresa a través de una visión estratégica de futuro.

Eso, que parece tan elemental, es desconocido, sin embargo, por numerosos partidos políticos en América Latina que participan en procesos electorales y no son capaces de ofertar a sus potenciales adherentes ni siquiera un claro y coherente programa de gobierno que indique las pautas de gestión a seguir en caso de un triunfo en las urnas; y por supuesto, cuándo eso ocurre, el partido triunfante está predestinado a un rotundo fracaso de ejercicio gubernamental.

Dos aspectos adicionales que nos parecen importantes en el rescate de la confianza de los partidos políticos por parte de la ciudadanía tienen que ver con el establecimiento de lazos de solidaridad de las organizaciones partidistas con la gente y la recuperación de la mística como herramienta de concienciación y movilización popular. Los pueblos están cansados de ver partidos políticos y dirigentes sólo interesados en ellos como objeto electoral, esto es, como instrumentos de legitimación de aspiraciones individuales, y por consiguiente, reclaman que la actividad política se convierta en un medio de sensibilización social que permita la realización colectiva de las aspiraciones humanas de paz, progreso y libertad.

Por otra parte, para que la política y los partidos puedan tener futuro en el marco de la democracia, deben asumir con entusiasmo y con orgullo el legado de la historia y de los elementos que nos identifican como lo que somos, al tiempo que miran hacia el porvenir con objetivos claros, confianza en sí mismo y fe en los pueblos.

En fin, la política debe ejercerse con un sentido de mística, a sabiendas de que es una actividad delicada, que reclama una extrema responsabilidad, pero que nos brinda la oportunidad de ser cada día sujetos de nuestro propio destino, y por lo tanto disfrutarla como el período de la luna de miel de una revolución triunfante.


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