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El Conocimiento Como Base del Poder Político
Autor: Lic. Gedeon Santos

Cuando el profesor Juan Bosch fundó el Partido de la Liberación Dominicana en 1973, no sólo tenía propósitos políticos, sino también una meta civilizadora. La educación era el instrumento ideal para lograr tales fines. Por ello, desde su fundación nuestro Partido emprendió un proceso de educación que se correspondía con una organización de profundas esencias ideológicas y con el momento que vivía el país.

Pero en el mundo se produjeron importantes transformaciones que cambiarían el curso de la historia humana. El proceso de globalización, el fin de la guerra fría y el impacto de los cambios tecnológicos estremecieron a los partidos y a todas las ideologías conocidas. El marxismo, la social-democracia, el social-cristianismo e incluso la teoría de la liberación nacional fueron sacudidos por el impacto de estos cambios.

La liberación nacional, por ejemplo, se basaba en tres principios fundamentales: el marxismo, el anti-imperialismo y el nacionalismo-patriotismo. El anti-imperialismo, a su vez, se basaba en la idea de que las empresas multinacionales extraían los recursos del país para llevárselos a sus respectivas metrópolis. Cabe recordar, las grandes manifestaciones que el PLD organizó en las calles de la capital a finales de la década de los ´70 y principios de los ´80 contra las multinacionales. Hoy, sin embargo, en todos los programas de gobierno, de todos los partidos progresistas en América Latina, una de las primeras estrategias es la "atracción de inversión extranjera", lo cual significa un viraje de 180 grados en nuestras antiguas concepciones ideológicas.

El nacionalismo que se basaba en el control del territorio por parte del Estado ha perdido importancia con los flujos tecnológicos y el proceso de globalización. El marxismo, por su parte, como teoría política, se ha mostrado inefectivo frente a un mundo dominado por el capitalismo tecnológico y por la interdependencia mundial.

Uno de los cambios más importantes es el que se ha operado en el concepto del poder. Hace algunas décadas se pensaba que una persona tenía poder cuando tenía armas o cuando tenía dinero, pero hoy la base del poder es el conocimiento y la información. Es más, las armas o el dinero que en el siglo XXI no tengan conocimiento e información, no serán efectivas. Sólo hay que recordar las armas tecnológicas que se utilizaron en la guerra contra Irak y cómo ellas establecieron la diferencia en los combates.

Hace a penas 30 años, un carro estaba compuesto de la siguiente manera: 75 por ciento materiales físicos y 25 por ciento de tecnologías. Hoy, la relación es exactamente inversa. Hace 40 años una computadora contenía 95 por ciento hardware o parte física y 5 por ciento software o programa, conocimiento. Hoy, por grande que parezca una computadora, la parte física sólo representa el cinco por ciento de esa computadora, el restante 95 por ciento es programa, conocimiento, información. Es decir, el mundo se hace cada vez más abstracto y el conocimiento se convierte en el punto clave del poder.

Una de las mejores formas para comprender esta nueva composición del poder es el índice Dow Jones, el cual se establece a partir de las 30 empresas industriales más importantes de los Estados Unidos. Hace 40 años, de las 30 empresas elegidas para el índice, 29 estaban ligadas a la industria pesada y tradicional. Hoy, de la 30 empresas elegidas para el índice, 22 están ligadas a la industria del conocimiento, a la industria de la información o a la industria de los servicios. Hace 25 años, usted tomaba la lista de las diez personas más ricas del mundo, y encontraba los clásicos apellidos conocidos por todos: los Rockefeller en la industria del petróleo, los Morgan en el negocio de la banca, los Vanderbilt en los ferrocarriles, los Du Pont en la industria química, los Ford en la industria automovilística... Hoy, sin embargo, ninguno de esos apellidos liderea la lista de los diez más ricos del mundo. En cambio, aparece encabezando la lista un tal Bill Gates quien era un perfecto desconocido hace 20 ó 30 años. Y resulta ser que la fortuna de este hombre está ligada a la industria del conocimiento y de la información. ¡Así está cambiando el mundo!

En su libro, "El cambio de poder" el futurólogo estadounidense Alvin Toffler revela la naturaleza del conocimiento cuando plantea que su fuerza emana de la flexibilidad ya que el conocimiento es infinitamente ampliable. Cree, el autor, que a diferencia del dinero, el conocimiento no se atesora, puesto que su valor está en el intercambio. Aunque la característica más revolucionaria del conocimiento es que tanto el débil como el pobre pueden adquirirlo en el mundo de hoy.

Entonces, si el conocimiento es poder, la educación es el vehículo para llegar a él, por lo tanto los dirigentes políticos tienen que acceder a este recurso para lograr el éxito en la política, puesto que en el siglo XXI el líder será el más informado del grupo social, el líder del conocimiento, el líder de la información. En el siglo pasado, para ser un buen dirigente político, sólo bastaba con tener dos cualidades: tacto y olfato político. Pero hoy, en la sociedad de la información estas dos cualidades han dejado de ser efectivas, pues ambas no bastan para tener éxito en la actividad política ni para manejarse en el mundo de las altas tecnologías y la globalización.

En primer lugar, en el contexto de una sociedad bien informada los líderes políticos tienen que convertirse en líderes mediáticos o de opinión. Hoy, por pobre que sea una persona que viva en un barrio marginado de nuestro país tiene acceso a la televisión y a la radio, y por estos medios puede adquirir un gran cúmulo de informaciones nacionales y mundiales, por lo que el dirigente tiene que informarse primero y mejor que el pueblo que pretende dirigir, de lo contrario quedaría en evidencia frente a una población bien informada gracias a los medios de comunicación.

En segundo lugar, las grandes luchas políticas se irán trasladando cada vez más, desde las calles al escenario de los medios de comunicación. A partir de este cambio, el partido político que gane un proceso electoral no será necesariamente el que más personas congregue en las esquinas de las avenidas 27 de Febrero con Máximo Gómez de la capital, sino el que mejores propuestas les haga al pueblo por la vía de los medios de comunicación de masas.

Y en este contexto del líder del conocimiento y de la información, hay que poner como ejemplo al Presidente Leonel Fernández. Este compañero ha llegado a escalar las posiciones más importantes de la vida política del país. Y no lo ha hecho sobre la base de la herencia de su padre porque su padre no era político. Tampoco lo ha logrado sobre la base de distribuir grandes cantidades de dinero, porque proviene de Villa Juana un barrio pobre de la Capital. Tampoco ha llegado tan alto en la vida del país sobre la base de una revolución triunfante, pues a diferencia de Fidel Castro, ni bajó de las montañas ni mucho menos tenía armas. Pero tampoco ha llegado a la presidencia de la república sobre la base de un apellido de abolengo, pues el compañero Leonel no es un Vicini, no es Bonetti, no es Brugal. Entonces nos surge la pregunta: ¿Y cuál es la magia de este hombre que sin reunir las cualidades clásicas para ascender al poder ha logrado calar tan alto en la vida política del país?

No hay dudas que, además de las cualidades personales que lo adornan, su secreto reside en la capacidad para adquirir información y conocimiento y luego traducirlos en propuestas políticas a la población. Ahí reside la magia del compañero Leonel Fernández. Y a partir de aquí, cualquiera de ustedes o de nosotros tiene la posibilidad de acceder al poder siempre que pueda adquirir conocimiento e información, puesto que esta será la clave del éxito político en el siglo XXI.

Sin embargo, resulta ser que en el mundo de hoy el conocimiento no es suficiente para ser efectivos. Es importante la velocidad a la que adquirimos ese conocimiento. Hoy, el dirigente político que no se ajuste a la velocidad con que se suceden los cambios se quedará atrás, pues se verá apartado de la competencia víctima de los efectos de la aceleración. Hace un tiempo yo compré un celular, y descubrí que a los pocos meses valía la mitad, y que además podía encontrar en el mercado celulares cada vez más pequeños, con más funciones y más livianos. Entre la primera generación de computadoras y la segunda pasaron 30 años. Entre la segunda generación y la tercera pasaron sólo diez años. Entre la tercera y la cuarta pasaron cinco años. Hoy entre una generación de computadoras y la otra pasan apenas meses, a veces días. Y el político que no asimile esta realidad de la velocidad constante se quedará rezagado y sin ninguna posibilidad de alcanzar sus metas en una realidad donde los cambios se suceden a una velocidad exponencial.

Esto quiere decir, que el mundo está cambiando, y la clave para conectarse a la nueva realidad es la educación. Es por eso que la Secretaría de Formación Política de nuestro Partido creó el Instituto de Formación Política Profesor Juan Bosch, para ofrecer los conocimientos y las informaciones de punta que emanan de las grandes corrientes del pensamiento universal, para que nuestros dirigentes y militantes mantengan la vanguardia en el liderazgo político, que como ya sabemos es el liderazgo del conocimiento, el liderazgo de la información. Además, el PLD está conciente que con estos nuevos programas de formación política contribuimos a elevar el nivel del debate político en la República Dominicana. Y por encima de todo, estamos convencidos, que la educación es el único camino que nos diferenciará de los demás partidos políticos del sistema dominicano.

El profesor Juan Bosch nos enseñó que la educación, no sólo impide la desnaturalización de los partidos, sino que es el único mecanismo capaz de darle sentido ético y dimensión humana a la actividad política.


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