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Sobre la originalidad de Maquiavelo
Autor: www.ciudadpolitica.com

I En sus últimos días, messer Niccolo Machiavelli tuvo un sueño excepcional: encontróse una turba de mendigos harapientos y al preguntar quienes eran, una voz misteriosa le contesta “son los bienaventurados, pues está escrito que los pobres heredarán el Paraíso”, más adelante, encontraría a caballeros corteses, afables y bien vestidos, eran los ilustres escritores de la antigüedad, entre ellos vio a Tácito, Plutarco y a Platón; la misma voz le dijo que eran los condenados al infierno, “pues está escrito que la Sabiduría del mundo es enemiga de Dios”. Machiavelli al contar este sueño a sus amigos, confesó que prefería estar entre los segundos, los hombres sabios de la antigüedad. Al referir tal sueño, tiene en mente quizá el famoso Somnium Scipionis de Cicerón, una alegoría al hombre de acción política como el Africano, que se encamina al mundo de los dioses; él desearía al final de su vida un premio así de significativo. No se imaginaba que años después, De Principatibus (comúnmente conocido como Il Principe), un opúsculo que no salió a la luz hasta después de su muerte, dedicado en principio a Lorenzo de Medici y que éste tal vez nunca lo leyó, sería inscrito en el Índice de libros prohibidos, proscrito en 1557 bajo el pontificado de Pablo IV, y confirmada la condenación bajo Pío IV; aunque antes de ser impreso circuló como manuscrito sin reprobación; tampoco se imaginó que su nombre despertaría odio y admiración por igual, que su efigie sería quemada en Baviera, y que con el pasar de los años, mencionar su nombre significaría dar a entender una manera de pensar y de actuar que, rechazando todo escrúpulo, se inspira en la astucia y en la perfidia.

En nuestros días, Isahia Berlin se sorprendió al ver el gran número de interpretaciones y opiniones que existen sobre Machiavelli y su obra, el desacuerdo sobre el significado de los términos que utilizó, y sobre todo, su actitud política. Esta sorpresa es resultado de que, De Principatibus es una obra que no implica dificultades en su lectura, es concisa, con un estilo lúcido y breve que refleja el espíritu renacentista italiano. Pero, ¿que es y que nos dice De Principatibus? ¿cual fué la motivación de Machiavelli para escribir tal obra? ¿que es lo que inquieta aún hoy, a pesar de tantas interpretaciones la obra de Machiavelli?.

II Machiavelli recibió en su juventud, de la cual se conoce muy poco, una educación basada en los clásicos, griegos y latinos; se sabe que tradujo De Rerum Natura de Lucrecio directamente del latín, y en general tuvo una predilección por los escritores romanos. Esto se ve reflejado en el titulo principal y el los veintiséis capítulos que comprende De Principatibus, todos en latín y en todos, amplias referencias a la antiqua res publica romana. Leo Strauss valora la significación del número de capítulos y considera que tal vez Machiavelli tuvo en mente que veintiséis, fuera un número cabalístico que incluye el devenir de la Fortuna. De su referencia al pasado parte su primera tesis: la Historia es la maestra de las acciones del hombre, sobre todo en la política, en ella están las obras de los grandes hombres que construyeron naciones: Moisés, Ciro, Teseo y Rómulo, pero también la actitud cívica de los pueblos: Atenienses, Espartanos y Romanos.

De aquí parte su tesis central, lo que la Historia nos enseña no reside en la imaginación, muestra hechos reales, y como tales, Machiavelli escribe consejos basados en la realidad para que sean útiles. Hay que partir de lo que existe y ha existido, no de lo que pudiera existir. Su argumentación es sistemática: solo han existido Repúblicas o Principados (cap. I), y es en estos donde se infiere su análisis, de allí el nombre del tratado. Esquemáticamente, tres aspectos engloban fundamentalmente el pensamiento de Machiavelli: a)los tipos de Principados y como se adquieren, b) el Gobierno de los Principados y la milicia y c) los deberes del Príncipe.

a) Los tipos de principados son nuevos o totalmente nuevos (I y II), hereditarios o mixtos, esto es, heterogéneos (III), pueden ser eclesiásticos (XI) que son aquellos que se gobiernan por fuerzas no humanas, es decir por la religión y sus leyes; también existen los principados civiles (IX) y son aquellos que nacen creados por el pueblo o por los grandes hombres. Los principados se adquieren por la virtud o por fortuna, o ambas; cuando se adquieren por virtud es necesario contar con armas propias, cuando se adquieren más por la fortuna, puede ser bajo la ayuda de mercenarios, tropas auxiliares o corrompiendo a los soldados y a ciudadanos. Otra forma de adquirir los Principados es por medio del delito, que no implica adquirirlo por fortuna o virtud, sino bajo el vicio y el deseo, puesto que se utiliza la crueldad y la injusticia (VIII). Los principados pueden estar acostumbrados a vivir libres y con leyes propias o bajo un señor, los primero serán más difíciles tanto de obtener como de mantener, mientras que los otros, si se es virtuoso será más fácil.

b) Pero no basta con obtener el Principado, lo más importante es mantenerlo. Sidney Alexander encuentra en De Principatibus este aspecto como la tesis cardinal de Machiavelli: “In every case, durata is the most valid signs of the good health of a state”. En efecto, para Machiavelli los mejores principados son aquellos que están protegidos de las convulsiones tanto externas como internas y se gobiernan con prudencia, con virtud. Para lo cual si es hereditario, lo mejor es mantener las costumbres y solo acabar con los grandes, no afectar al pueblo con excesivos impuesto ni leyes, si es nuevo, debe o destruirlo totalmente, irse a vivir a él o hacerse amigo de los ciudadanos. Debe ser gobernado por el mismo príncipe o por ministros.

Quien ha llegado por medio de la virtud, conservará más fácilmente el principado a diferencia de quien a llegado solo con la ayuda de la fortuna. Introducir reformas es difícil, ya que “todo innovador tiene como enemigos a cuantos el viejo orden beneficia y como tibios defensores a aquellos a quienes las nuevas leyes beneficiarían” (VI), por lo que debe medir sus fuerzas, si son totalmente suyas o depende de otros, en este caso, a los primeros les será más fácil gobernar.

Machiavelli tiene una profunda valoración por la utilidad de la milicia, “Los principales fundamentos que pueden tener los estados tanto nuevos como viejos y mixtos, son las buenas leyes y las buenas armas”, nos dice en el cap. XII. La milicia bajo el mando del príncipe, es mucho mejor, tanto más si esta está conformada por ciudadanos libres y honrados, con apego al gobernante. Los mercenarios y las tropas auxiliares son aquellas milicias que más daño hacen, pueden llegar a rebelarse y pasarse al enemigo, de hecho pueden destruir al príncipe y poner en su lugar a quien les plazca, de estas son las que no hay que valerse, o se tenga el dinero suficiente para mantenerlas fieles, empero, lo mejor es no tener tratos con ellos a menos que se esté seguro que no le harán daño después (cfr. X, XVI-XVII y XIX). Para poder gobernar con eficacia, el príncipe debe rodearse de hombres competentes, que le sean fieles en todo, que piensen más en él que en ellos mismos, talentosos y con la capacidad de discernir (XXII), alejar a los aduladores y aceptar los buenos consejos, sin mostrar agradecimiento inmediatamente, actuar con sabiduría, en fin, por sobre todo ser prudente.

C) El comportamiento del príncipe reviste una importancia central en el pensamiento de Machiavelli, es aquí donde la valoración de su obra a dejado una honda huella. Meinecke consideró, por las referencias del florentino, que los últimos capítulos, del XV al XXIII, fueron en cierta medida un extensión de la idea original, lo cual Machiavelli habría hecho al releer su obra y considerar que no solo era un escrito adulatorio, sin un tratado mucho más amplio. En efecto pareciera que hasta el capítulo XIII, Machiavelli ha consumado el propósito que expresa al principio. Estos capítulos, sostienen la tesis del estadista ideal, y en ellos también, residen todas aquellas expresiones que causaron incorformidad y rechazo sobre la obra.

Un príncipe debe ser competente en el arte de la milicia, debe ser una de sus principales ocupaciones (XIV), para ello debe estudiar la historia de los grandes hombres, conocer bien su territorio y ejercitar continuamente el ejército. Debe cuidarse de los extremos, entre mezquino y liberal, ni uno ni otro son recomendables per se, pero si la necesidad obliga, es mejor ser mezquino. Esta misma actitud debe ser cuando se trate de tomar partido entre ser compasivo o cruel, pero en este caso, es mejor ser considerado compasivo pero temido, (XVI y XVII, en todo caso el príncipe debe cuidarse de no ser odiado por el pueblo, porque estará cavando su tumba alentando las conjuras y el deseo de verlo muerto (XIX). La estimación del pueblo llegará si lleva acabo grandes empresas, premiar a los mejores ciudadanos y mostrarse hábil en las guerras extranjeras que le pudieran dañar, y nunca ser neutral (XXI). “Es necesario ser zorra para conocer las trampas y león para aterrorizar a los lobos” (XVII) reza la sentencia maquiaveliana, tal vez la más famosa. La palabra del príncipe es la ley, y debe por tanto mantenerla siempre y cuando no le perjudique, esto es no alejarse del bien pero si es indispensable, saber acercarse al mal, para lo cual el príncipe deberá mostrar siempre la apariencia de un ser afable, caritativo y religioso, aunque no lo sea, pues el pueblo juzga por los ojos.

Machiavelli ve en las virtudes del príncipe la fuerza y el vigor necesario para crear las dimensiones favorables para la vida política de un pueblo, para la armonía de la colectividad: el fin de un gobierno es crear orden, y si no hay condiciones para que la República renazca, entonces es mejor invocar la virtud de un hombre fuerte, con la sagacidad de luchar y la inteligencia para gobernar. No es el poder por el poder lo que invoca Machiavelli, esa ansia es destructiva , el saber que pone en manos puede ser aprovechado por cualquier sujeto, siempre que aprenda sus reglas y la aplique a la consecución de sus fines, y esto no pueden ser otros que un estado político fuerte y vigoroso.

Bien lo ha dicho Skinner: “For Machiavelli, as for the other humanists, the concept of virtus is thus used to denote the indispensable quality wich enables a ruler to deflect the slings and arrows of outrageus fortune, and to aspire in consequence to the attainment of honour, glory and fame”. Esta necesidad se lee claramente en los últimos tres capítulos de De Principatibus, donde, abandonando la sobriedad, Machiavelli invoca al príncipe que salvará Italia del peligro en que se encuentra, para su mala fortuna, ese príncipe no llegó mientras el vivió.

III Desde el regreso de la casa Medici al poder en Florencia, y una vez que sale de la cárcel, Machiavelli siente necesidad de entrar al Palazzo Vechio, allí donde por varios años trabajó por el bien de su amada Firenze, pide ayuda a su amigo Francesco Vettori, embajador en Roma, para que este intervenga ante el papa León X y le ofrezca un “encargo”: “Tenedme, si es posible, presente en la memoria de Nuestra Santidad, que si fuese posible comenzase a emplearme en algo, él o los suyos, creo que sería de honor para vos y de utilidad para mí”. Insistirá continuamente, pero todos sus ruegos son en vano, Machiavelli se entristece, su pasión era la política y lo habían alejado. Por ese entonces, no le quedó más que conformarse con discurrir sobre asuntos políticos a través de cartas con Vettori, en los cuales el ya no tendría cabida, ni sus consejos serían escuchados.

El 12 de julio de 1513, su amigo embajador le informa de las intenciones del Papa de conservar el prestigio y el estado de la Iglesia, los movimientos del Emperador, y los consejos que el trataba de ofrecerle, Machiavelli, al leer esa carta, empieza a imaginar lo que sería De Principatibus mismo que fué escrito entre julio y diciembre de 1513, en la villa llamada <>, de Sant’ Andrea in Percussina, cerca de San Casciano.

En la mas famosa de sus cartas a Vettori, Machiavelli expone su desafortunada vida, pero también su consuelo: “Cuando llega la noche, regreso a casa y entro en mi escritorio, y en el umbral me quito la ropa cotidiana, llena de fango y de mugre, me visto paños reales y curiales, y apropiadamente revestido entro en las antiguas cortes de los antiguos hombres donde, recibido por ellos amorosamente, me nutro de ese alimento que solo es el mío, y que yo nací para el: donde no me avergüenzo de hablar con ellos y preguntarles por las razones de sus acciones, y ellos por su humanidad me responden; y no siento por cuatro horas molestia alguna, olvido todo afán, no temo a la pobreza, no me asusta la muerte: todo me transfiere a ellos”. No será esta apreciación estoica de la vida, propia de una admirador de los romanos, quienes llevaron esta filosofía a cuestas, sino el párrafo inmediato, donde hablara por primera vez del tratado: “Y como dice Dante que no hay ciencia sin el retener lo que se ha entendido, he anotado todo aquello de que por la conversación con ellos he hecho capital, y he compuesto un opúsculo De Principatibus donde profundizo todo lo que puedo en las meditaciones sobre este tema”.

Machiavelli apenas deja ver sus intenciones, es orgulloso de su conocimiento, pero la fortuna le es adversa y rematará al final, que desea ser empleado y por eso lo dedicará a un príncipe: “Y si alguna vez os agradó alguno de mis garabatos, éste no debería desagradaros; y especialmente para un príncipe, y especialmente para un príncipe nuevo, debería resultar aceptable, por eso lo encamino hacia la magnificencia de Juliano”. Resulta obvio, en este párrafo, que Machiavelli, lo ha escrito con un fin muy preciso, agradar al príncipe nuevo, Juliano de Medicis. Mas adelante terminará: “A dedicarlo me impulsaba la necesidad que me oprime, porque yo me consumo inútil, y no puedo estar así mucho tiempo, sin volverme a la pobreza más despreciable, además del deseo que siento de que estos señores Médicis empiecen a emplearme, aunque empezaran por hacerme dar vuelta una piedra”.

Machiavelli más claro no podía ser, el pone en esa obra sus conocimientos con la intención de agradar al príncipe, antes que teorizar o buscar verdades perennes, desea regresar a la política. Será Lorenzo, a la muerte de Julián quien reciba tal obra, y Machiavelli, nuevamente hará presencia de su miseria: “Y si vuestra Magnificencia, desde el ápice de su grandeza se digna alguna vez volver la mirada hacia estos humildes lugares, conocerá cual inmerecidamente soporto la enorme y continua malignidad de la Fortuna”.

Conviene al caso recordar este pasaje de la vida de Machiavelli, para entender el verdadero propósito de su opúsculo. Los manuscritos donde consigna in extenso su pensamiento político, es fruto de su admiración a Tito Livio, de tal forma que durante varios años (de 1513 a 1521) estudia los libros de este historiador clásico y redacta sus Discorsi sopra la Prima Deca di Tito Livio, que dedica, ya no a un Príncipe, sino a su amigos de tertulia Buondelmont y Rucellai. De Principatibus, es apenas un extracto, lleno de subjetividad y con un sesgo muy claro. Conviene recordarlo por el sin fin de interpretaciones que existen de tal obra, no porque no las merezca, sino porque la condena por un lado y el elogio banal por otro, han ideado de Machiavelli un pensamiento cínico y premeditado, tanto en lo filosófico como lo moral.

IV Machiavelli no inventa, en cierta forma, nada. En la antigüedad y aún en la Edad Media eran comunes los tratados dedicados a los príncipes en cuanto al arte de gobernar: Alejandro Magno llevó consigo siempre un ejemplar de la Iliáda, del cual cuentan los historiadores tomaba ánimos para seguir su conquista; La Ciropedia de Jenofonte era el ideal del gobernante espartano, obra muy leída durante la república romana -la cual Machiavelli apreciaba mucho-. A finales de ésta, Cayo Salustio Crispo escribió cartas dirigidas a Cayo César, en la cual expone algunos consejos de carácter práctico para la mayor eficacia y éxito de su gobierno, poco antes, los tratados de Cicerón como De officis y De inventione fueron la guía de varios lobos de la política romana.

Séneca escribió su De Clemetia especialmente para el emperador Nerón, exponiendo las virtudes del buen gobierno. Francesco Guicciardini, a la sazón, amigo de Machiavelli, y a diferencia de este, verdadero político, con altos cargos e influencia, antes de que De Principatibus circulara regularmente ya como obra, escribió sus Ricordi politici e civiti de una dureza y acidez tal vez mayor que la maquiaveliana y con reconocimiento sin crypto en su época.

Entonces ¿donde reside la originalidad de Machiavelli? Esa es la pregunta que tiene respuestas ad finitum -en sentido figurado-, en efecto, según Isahia Berlin hasta 1979 existían más de una veintena de teorías notables de como interpretar De Principatibus y más de tres mil referencias; es de imaginarse que con el desarrollo de la industria editorial a finales del siglo XX, la deliberada intención de publicar para el curriculum por parte de los académicos contemporáneos y la vigencia del pensamiento maquiaveliano, es probable que existan más del triple de referencias o artículos sobre el opúsculo en cuestión.

Empero, dos teorías se mantienen vigentes. La más conocida es la de Benedetto Croce en su obra Elementi di politica donde expone que Machiavelli es un humanista angustiado por el desastre de su época, por la corrupción imperante, un moralista que divorció el campo de la política del de la ética, una questioni che forse non si chiuderà mai, la questioni de Machiavelli. Para Croce, al igual que Chabod es esta la gran contribución del florentino, ha echado al mar la unidad medieval, con ello se convirtió en uno de los iniciadores del espíritu moderno. En la misma línea, para Friedrich Meinecke lo novedoso radica en que, si bien no señala nada nuevo en relación con la praxis política, que se ha conservado intacta por el pasar de los tiempos, es la sistematización de sus argumentos que se insertan en la base filosófica moderna de la razón de Estado.

Otra teoría interpretativa como la de Croce, es la Isahia Berlin, quien espléndidamente señala que Machiavelli no distingue los valores específicamente morales de los valores políticos, sino algo más profundo y por ellos incisivo en la mentalidad moderna , “una diferenciación entre dos ideales de vida incompatibles, y por lo tanto, dos moralidades”. Una es la pagana, donde los valores son el coraje, el orden, la disciplina, la fuerza, la justicia y la afirmación de las exigencias propias; la otra es la cristiana, con sus valores como la caridad, la misericordia, el sacrificio, el amor a Dios, etc., y estas ultimas a diferencia de las primeras son inservibles para gobernar, por muy bondadosos que sean y por mucho que ofrezcan el cielo.

Para Berlin, lo que Machiavelli ha definido en De Principatibus es una moral rival, opuesta a la cristiana, aquella que el vive y que coadyuvó a la caída del Imperio Romano. La moralidad que invoca es una moralidad de orden social, no individual como lo es la cristiana, una moralidad que pide sacrificios no por uno mismo, sino por el bien de la patria. Ni siquiera invoca, como lo cree Meinecke, la raison d`état, pues esta implica un conflicto, y lo que invoca Machiavelli es todo lo contrario: la armonía política bajo el brazo de un buen príncipe.

Pero la herida que provoca Machiavelli al pensamiento moderno, es más profunda: socava los ideales de la solución final a la cuestión de como habrán de vivir los hombres, la visión monistica de la certidumbre escondida en alguna parte y que todos tratan de encontrar, ya sea en la religión o en la ciencia, esta es una creencia fundamental del pensamiento occidental que fué sacudida severamente, lo que abrió paso también a la senda del pluralismo, el arreglo, y las cosas mundanas.

La tesis de Berlin no ha sido aceptada del todo, Croce sigue vigente en el pensamiento político que se enfoca en Machiavelli. También es común leer o escuchar que fundó la Ciencia Política o que es el hombre que diseño los cimientos de los Estados Modernos. Sin embargo todas las interpretaciones nacen de la perspectiva de quien lo lee, y ninguna concuerda con al intención del florentino, quien en cierta forma tan solo escribió el tratado para quedar bien.

Por otro lado, Mansfield observa la falta de exactitud en los escritos de Machiavelli, principalmente en los Discorsi… pero afirma que De Principatibus muestra una conexión sorprendente por las exigencias de la tarea que se propuso, es el rostro grave de la política, pero que promete la capacidad de dominar. Y es aquí donde reside parte del interés que suscita el tratado: es breve, un lenguaje claro conciso, sin rodeos, y retórico. No debemos olvidar que el era profundo admirador de los romanos republicanos, y estos eran artistas en la retórica, es decir la capacidad de discernimiento y convencimiento a través del discurso. Machiavelli no desconoce este arte, más si el fué un embajador que tuvo que guardar las formas ante príncipes y Papas.

A diferencia de los Discorsi, De Principatibus, es más fácil de leer, un lenguaje común nada oscuro, y la brevedad hace que sobresalgan las sentencias bien construidas, que fácilmente inquietan y escandalizan, o apasionan y conminan. Es esto, y por mucho más, que Machiavelli sigue vigente, pueden existir varias teorías de lo que dijo o trató de decir, pero es un hecho que la necesidad lo obligó a escribir tal tratado, y fue ella y no otra cosa la que lo guía, no tanto la teorización, ni la filosofía, sino la retórica que acude en su ayuda.


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